El nuevo yacimiento de empleo: se necesita inteligencia humana para dirigir la inteligencia artificial

La irrupción de la Inteligencia Artificial ha creado una alarma sin precedentes por su capacidad para reducir empleos. Sin embargo la experiencia de pasadas revoluciones industriales muestra que lo que se necesita es más inteligencia humana, eso sí, debidamente formada para dirigir a la inteligencia artificial

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Palabras clave: automatización, inteligencia artificial, inteligencia humana

 

Autor: Javier Carbonell

Llevamos unos años que no paramos de oír hablar sobre la automatización en la mayoría de los ámbitos de la economía y del miedo que está provocando en la sociedad la posibilidad de que las máquinas nos quiten el trabajo. Y es que no es para menos, desde que Oxford hizo un estudio http://www.eng.ox.ac.uk/about/news/new-study-shows-nearly-half-of-us-jobs-at-risk-of-computerisation que afirmaba que casi el 50% del trabajo se encontraba en peligro por culpa de la automatización, la mayoría de los gremios profesionales se preguntan si serán ellos los primeros en ser apartados por las nuevas capacidades de las máquinas.

El tiempo va pasando y por ahora no parece que se vayan cumpliendo los pronósticos e incluso son muchas las voces que apuntan en otras direcciones e incluso en dirección contraria, sobretodo basándose en comparaciones con revoluciones industriales previas.

Pero en lo que la mayoría de los expertos se encuentran de acuerdo es que los trabajadores necesitarán potenciar ciertas capacidades para poder mantenerse en el mercado de trabajo, por ejemplo, el pensamiento crítico o la creatividad. Por ello, la formación, sobre todo la formación entendida de una forma amplia, no solo en el colegio y la universidad, sino a lo largo de toda la vida de las personas, será el factor clave que se necesitará potenciar.

Tal y como muestra el siguiente artículo https://techcrunch.com/2017/01/14/putting-the-intelligent-machine-in-its-place/ , habrá una gran demanda de inteligencia humana que sea capaz de manejar a la inteligencia artificial . Ese es el gran desafío el mercado de trabajo de los próximos años e incluso decenios.

Redes sociales, reputación y crédito social: ingredientes para una distopía

Cada día nuestra huella en Internet es más honda, la combinación sin control con técnicas big data puede hacer que la barrera entre la utopía y la distopía sea más delgada de lo que parece

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Palabras clave: redes sociales, crédito social, distopía

Autor: Javier Carbonell

 

Nos hemos ido acostumbrando a que las aplicaciones sociales ocupen un lugar central en nuestra vida en Internet, ya no solo se trata de compartir contenidos con personas más o menos cercanas, sino que alrededor de estas aplicaciones se ha ido tejiendo nuestra identidad digital. Y es que el número de seguidores que tenemos, el número de recomendaciones, de “likes”, se han convertido en un nuevo símbolo de estatus. Estatus que tiene importancia en aspectos de la vida real como a la hora de buscar empleo.

La verdad que hasta ahí parece aceptable, pero en algunos casos se quiere ir un paso más allá, como la administración de la capital de Hangzhou en el este de China. En esta ciudad están pensando crear un “crédito social”. Se trata de un concepto amplio en el que se mezclan variables que las administraciones poseen sobre nosotros como multas de tráfico o incumplimiento de obligaciones tributarias, con otras más relativas al menos a la hora de medirse y que creo que invaden la esfera de la vida personal, como la valoración como ciudadano o el respeto por los padres.

Se trata de Big Data, para una gran población que puede condicionar desde las prestaciones hasta los estudios que puede llevar a cabo. En definitiva, un mundo vigilado al estilo orweliano en el que los algoritmos, o los que manejan los algoritmos, dirigen la sociedad. A mi entender una distopía a la que hay que temer.

Mucho hype y pocas nueces

Otro año más a vueltas con la realidad virtual. Deberíamos entender que un prototipo no significa que una tecnología esté preparada para ser utilizada y menos para ser comercializada masivamente.

Palabras clave: tecnologías emergentes, hype, Gartner, realidad virtual, inteligencia artificial, coche autónomo

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Autor: Javier Carbonell

El término “hype”, cuyo significado literal en inglés viene a ser “revuelo”, “publicidad” ha adquirido un significado propio en el terreno de las tecnologías emergentes después de que la consultora Gartner lo utilizara para referirse a aquellas tecnologías que levantan unas expectativas muy altas en la población que no se correspondían con la realidad, al menos en dicho momento.

Por este motivo en su famoso ciclo de vida de tecnologías emergentes, detrás de este momento de expectativas irracionales, llega el valle del desencanto, para comenzar después un largo periodo de crecimiento en el que la utilización de las tecnologías pueden incluso a llegar a superar las expectativas iniciales.

El gran problema actual es que nos encontramos en un periodo de Hype continuo, la necesidad de captar la atención y crear titulares de prensa llamativos no deja tiempo para el desencanto. Los que nos hemos dedicado a narrar lo que pasaba en el mundo de la tecnología nos hemos hartado a decir que realidad virtual, inteligencia artificial, los coches autónomos, … ya están aquí. Lo malo es que desde hace varios años se repiten los mismos mensajes o variantes de ellos, un año la preocupación es que los robots nos puedan quitar nuestro puesto de trabajo , y al siguiente ya es que se pueden revelar contra nosotros . Una carrera por ver quién es más futurista que en muchos casos crea confusión en vez de ayudar a los lectores a entender la situación de las tecnologías.

La privacidad en el hogar en los tiempos de los asistentes virtuales

Cada día son más habituales los asistentes virtuales en el hogar ¿podremos fiarnos de un sirviente que nos sirve a nosotros y a Jeff Bezos?

Palabras clave: privacidad, asistentes virtuales, HomePod, Amazon Echo, Google Home

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Autor: Javier Carbonell

Hace varias décadas las familias de clases media solían tener sus propios sirvientes en casa, pero las cosas han cambiado mucho desde entonces. Por una parte, la automatización ha avanzado a un ritmo imparable y los electrodomésticos como la lavadora o el lavavajillas han facilitado e incluso eliminado muchas de las actividades más rutinarias y que consumían más tiempo. Por otra parte, los salarios mínimos han subido, a lo que cual hay que sumar otras cargas salariales que supone el contratar a alguien, como seguridad social y otros impuestos.

Nos encontramos en un tiempo donde esta situación parece que empieza a darse la vuelta, y cada vez están entrando en casa más asistentes, lo que pasa es que esta vez no son de carne y hueso, sino que se trata de asistentes digitales o asistentes virtuales. Y es que el asistente virtual para el hogar es uno de los productos tecnológicos estrella en la actualidad, por ejemplo el Amazon Echo o Google Home , o el recién anunciado HomePod de Apple.

Se trata de dispositivos que todo lo ven y que todo lo escuchan, y en un hogar pasan muchas cosas, se dicen muchas cosas, como para que no nos importe que el asistente este al corriente de todas nuestras intimidades. La solución parece pasar por el estilo estricto de confidencialidad que se pide a los sirvientes en “Downton Abbey”. Sin embargo, yo me pregunto que, si el sirviente es también empleado de Jeff Bezos, ¿podremos confiar en él?, ¿qué tendrán que hacer para demostrarnos que merecen esa confianza?

7.700 millones de sistemas superinteligentes en 2020

Estamos en la época de la Inteligencia Artificial, todos hablan de ella. Sin embargo el próximo reto será sacar todo el partido a los excedentes de Inteligencia Natural

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Palabras clave: inteligencia artificial, machine learning, inteligencia natural, población, colaboración

Autor: Javier Carbonell

No me estoy refiriendo a ordenadores como los actuales, ni a inteligencia artificial de la que tanto se habla, que es capaz incluso de distinguir un perro en una foto en la que hay un perro y un gato, eso sí después del trabajo de un grupo de ingenieros que ha utilizado millones de fotos y programado algoritmos de Machine Learning durante meses.

En este caso son sistemas que aprenden solos, que no solo distinguen al perro, sino que “entienden” lo que es un perro y distinguen lo que está haciendo y como se siente. Poseen inteligencia que es capaz de entender el contexto en el que se encuentran y aprenden a hablar simplemente escuchando a otros. Son sistemas que están conectados a gran cantidad de sensores y pueden moverse libremente por el entorno. Además, los tienes muy cerca porque tú eres uno de ellos.

Y es que nos encontramos ante una inteligencia natural (IN), que es realmente el mayor recurso del planeta. Más de 7.700 millones de personas en 2020, cada una con un sistema inteligente superior a cualquier ordenador. Cada vez más formadas, con acceso a más información y que se pueden potenciar con el uso de sistemas sofisticados como la Inteligencia Artificial. Si hemos sido capaces de hacer grandes cosas con poblaciones muy pequeñas y con acceso mínimo a la formación, ¿Qué podríamos hacer ahora? Ese es el verdadero reto de la humanidad, sacar provecho a nuestra inteligencia natural. Como dice el siguiente artículo no se trata de que los sistemas inteligentes nos sustituyan en el trabajo, sino de que nos ayuden a hacer grandes cosas.

La falsa historia de las noticias falsas

Las noticias falsas, ¿tienen tanto poder para cambiar el destino de las cosas?, o ¿simplemente sirven para apuntalar las ideas que ya teníamos preconcebidas?

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Autor: Javier Carbonell

Viene siendo uno de los temas más recurrentes durante el último año: la aparición de noticias falsas que supuestamente han tenido la capacidad de alterar el transcurso natural de los acontecimientos, como si los acontecimientos siguieran algo así como el curso de un río y tuvieran que tener un desenlace predeterminado.

Además, estas noticias falsas (fake news) se potencian con la capacidad de resonancia de Internet (echo rooms) y el hecho de que los grandes de Internet personalizan y filtran la información colocándonos en una especie de burbuja (buble filter). Ingredientes que juntos parecen tener un efecto multiplicador con capacidad de anular nuestra libertad.

No hay ninguna duda de que las noticias falsas son una lacra, que el decir algo que no es cierto, es injusto y lastra la credibilidad del sistema. Pero también creo que algunos les están otorgando un poder casi mágico que hasta ahora nadie ha sido capaz de comprobar, con lo que irónicamente caen en aquello que quieren combatir.

Las grandes empresas como Facebook o Google se han puesto a trabajar para corregir sus efectos, aunque la verdadera corrección debería venir de fomentar el espíritu crítico. Como comenta un estudio del que se hace eco el New York Times, en el caso de una contradicción entre la opinión personal y la de los líderes políticos, la mayoría de las personas tiende a cambiar de opinión antes cuestionar a su líder. Creo que el verdadero problema no son las noticias falsas, sino que tendemos a creernos lo que queremos creer (falso o no).

¿Dañarán los robots las condiciones laborales de nuestros trabajos?

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Autor: Javier Carbonell

Llevamos unos años en los que es uno de los temas más recurrentes cuando se habla de tecnologías y de sus repercusiones sociales. La automatización y las nuevas capacidades que empieza a mostrar la tecnología para realizar actividades más complejas está poniendo en peligro millones de puestos de trabajo, con el consiguiente aumento de las tasas de desempleo y en última instancia con la degradación de las condiciones laborales.

Y es normal que estemos todos asustados, un día sale una noticia de que dentro de poco no se necesitarán conductores en el sector del transporte, al día siguiente de que una empresa tecnológica importante ha conseguido automatizar la redacción de noticias, y al siguiente le toca al de la hostelería y que los hoteles serán atendidos por robots…

Esto parece un sinvivir, una profecía de un apocalipsis del que nadie está a salvo.

Pero, ¿hay base para tanto amedrentamiento? Si nos basamos en los históricos, vemos que no. Que la tecnología siempre ha dado a medio y largo plazo más puestos que los que ha quitado. El siguiente estudio muestra este hecho . Además, curiosamente explica como en las épocas de mayor automatización (finales de los 90 y principios de los 2000) las condiciones laborales y salarios subieron, y cuando la automatización se redujo (73-95 y 2002-presente), las desigualdades aumentaron y los sueldos se estancaron.

Se trata de un informe realizado por un Think Tank más cercano a la clase trabajadora que a la empresarial. Ante esta situación me pregunto ¿no debemos cambiar nuestro relato sobre el impacto de los robots?