Olvídate del cloud computing, ahora la tendencia es el edge computing.

Durante los últimos años, la computación en la nube o cloud computing ha sido la tendencia imparable. Nuevas necesidades tecnológicas parece que empiezan a traer los sistema cerca del sitio donde se consumen los servicios.

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Autor: Javier Carbonell

Etiquetas: cloud computing, edge computing

Durante los últimos años ha sido la tendencia en los sistemas de computación. La información ha ido moviéndose a sistemas alejados a nosotros, en muchas ocasiones a muchos cientos de kilómetros. Se trata del fenómeno del cloud computing que ha transformado todo el mundo de la computación y que ha afectado a todos los ámbitos, desde el almacenamiento de la información, hasta el procesamiento y alojamiento de las aplicaciones. Toda una transformación que ha provocado un cambio fundamental en la arquitectura de aplicaciones y también en los modelos de negocio relacionados con los sistemas de información.

Sin embargo en la actualidad nos encontramos con un fenómeno inverso. No se trata de que todo vuelva a ser como antes, sino que parte de la computación se mueve al “borde de la red”, de ahí el término “edge computing”. Existe una cierta discrepancia en entender a qué se refiere este “borde”, según un estudio de Technalysis Research un 29,8% se refiere a los dispositivos de usuario, un 13,2% a los elementos de acceso a la red como routers o gateways y un 44,3% a ambos términos.

Lo cierto que es que se trata de una tendencia imparable que yo pienso que irá a más porque cada vez son más los servicios que requieren bajas latencias y disponibilidad continua. Por ello es necesario que el procesamiento y también a veces la analítica se haga en local, pensemos por ejemplo en el caso del coche autónomo. Se trata además de una tendencia que será fundamental en el desarrollo del Internet of Things y tendrá grandes implicaciones en los componentes que se utilizan: CPUs, microcontroladores ARM, GPUs o FPGAs… Nos encontramos por tanto ante un cambio estratégico que tendrá gran impacto en la evolución de las tecnologías de la información en los próximos años.

Para crear primero hay que destruir. Schumpeter y la nueva revolución industrial

Aunque parezca una contradicción, para avanzar en muchas ocasiones hay que retroceder primero. Creo que nos encontramos una vez más en una fase en la que muchas cosas que parecían sólidas ya no los son tanto y que dará paso a una gran revolución económica.

Etiquetas: revolución industrial, Schumpeter, destrucción creativa.

Autor: Javier Carbonell

Una nueva revolución industrial es inevitable. La convergencia de tecnologías relacionadas con los sistemas de información, con otras del mundo de la electrónica como la miniaturización de componentes, y nuevas aproximaciones al análisis de información como el big data o la inteligencia artificial, están incubando una transformación completa del sistema productivo y económico.

Como todo cambio esta situación está produciendo ríos de tinta por parte de expertos analistas y también cientos de informes de un carácter bastante pesimista sobre su impacto en el empleo como hemos comentado en algún post anterior.

Y es que los cambios nos producen miedo, siempre que se destruye algo parece que se va a ir a peor. Por ese motivo merece la pena rescatar la idea de “destrucción creativa” que popularizó Joseph Schumpeter a mediados del siglo XX. Esta idea propone que la economía se encuentra en un continuo movimiento de creación-destrucción generalmente inducida por la innovación y las nuevas tecnologías. Esto es, el sistema económico está siempre mutando, destruyendo lo que existe para construir cosas nuevas y más avanzadas. Y es que en muchas ocasiones no se puede avanzar sobre lo que ya hay, y es necesario dar un paso atrás, destruir para construir algo diferente. Yo creo que lo que está sucediendo ahora no deja de ser más que un ejemplo más de este proceso, ni siquiera mayor que en otras ocasiones como cuando aparecieron las máquinas o la electricidad. Si vuelve a repetirse el patrón, detrás de este momento de cambio y desconcierto emergerá un nuevo modelo que nos permitirá desarrollarnos más y vivir mejor.

¿Tiene la población miedo de perder el trabajo frente a los robots?

Hay una gran cantidad de estudios que prevén un impacto devastador de los robots en el mercado laboral. Pero, ¿esta el ciudadano medio preocupado?¿hay razón para ello?

Etiquetas: Inteligencia artificial, robots, desempleo, Robot Fear Index

Autor: Javier Carbonell 

Sería difícil calcular el número de informes que tratan de forma más o menos apocalíptica el impacto de los robots en el empleo. Por ejemplo, este informe de PwC se une a los que ya existen de otras grandes consultoras, universidades y observatorios y cuantifica en un 38% el porcentaje de los puestos de trabajo actuales que se perderán por la entrada masiva de los robots en el mundo laboral.

Tanta coincidencia entre “gurús” describiendo una situación tan dramática debería hacer que este tema ocupara uno de los primeros puestos entre las preocupaciones de la población. Con la intención de medir hasta qué punto eso es exactamente así, un grupo de inversores de venture capital de Minneapolis han creado un indicador, el Robot Fear Index , que recoge la preocupación de la población ante la amenaza robot. Curiosamente, este índice muestra como la población media, aquella a la cual los robots supuestamente va a dejar sin trabajo y sin futuro, no está preocupada y se mantiene bastante tranquila con respecto a este tema. De hecho, tan solo tres de cada diez ciudadanos muestran alguna preocupación por él.

Realmente creo que en este caso el ciudadano medio tiene la razón y no los gurús de informes sesudos. La experiencia muestra como la tecnología siempre acaba incidiendo positivamente en la sociedad porque mejora la productividad y ello a la larga supone mejores condiciones de vida y más empleo. Otra encuesta señala que siete de cada diez ciudadanos están preocupados por la corrupción política. Creo que ese sí que es un problema que reduce la productividad y fractura la confianza de la sociedad, pilares importantes para la creación de empleo.

 

No veremos el coche volador pronto, no lo digo yo, lo dice Newton

Es uno de los productos del que se está hablando bastante últimamente, “el coche volador”. Pero no tan rápido, Newton tiene algo que decir.

Tags: coche volador, Newton, tecnologías emergentes

Autor: Javier Carbonell

El automóvil con capacidad de volar es  una de las innovaciones tecnológicas que empieza a aparecer de forma más recurrente en los periódicos, por ejemplo en este artículo de El País. Y es que el automóvil es uno de los objetos más habituales en nuestra vida cotidiana y en el que pasamos más tiempo, por lo que cualquier avance relacionado con él crea una gran expectación. Durante los últimos dos años la gran noticia era que en 2020 ya sería habitual ver coches autónomos, con lo que liberaríamos una gran cantidad de tiempo viajando con un “chófer automático”. La verdad es que nos acercamos a 2018, y por ahora yo no he visto ninguno por mi ciudad.

En el caso del coche volador, el sueño es todavía más fascinante, ya no solo promete que no conduciremos (muchas propuestas de coches voladores son también de coches autónomos), sino que nos saltaremos los atascos e iremos por el aire, el sueño de Ícaro hecho realidad. No obstante, veo muy difícil que se llegue a cumplir en un plazo razonable. No lo digo yo, sino que Newton enunció hace años unos principios, como el de acción y reacción y el de inercia que son bastante tozudos. En el caso del principio de acción y reacción, el que un coche vuele supone que debe lanzarse un haz de partículas de aire a gran fuerza hacia abajo, lo cual lo dificulta todo como se ve en el siguiente vídeo. El de inercia supone que será bastante incontrolable en el aire sin el agarre que las ruedas aportan en tierra.

Realmente creo que nos encontramos ante un caso más del fenómeno que describíamos en un post anterior, en el que la necesidad de captar titulares de prensa lleva a exagerar las expectativas. Creo que es un error recurrir a este estilo, ya que puede funcionar a corto plazo, pero crea una desconfianza en los tecnólogos al no cumplirse las previsiones, y al final acaba restándonos credibilidad y autoridad.

El smartphone o la máquina de hacer jóvenes infelices

Siempre se suelen resaltar los beneficios que aportan las tecnologías a nuestras vidas. Pero ojo, no todo es siempre tan positivo, sobre todo para los jóvenes que están formando su personalidad.

Tags: Smartphone, redes sociales, niños, jóvenes, depresiones, infelicidad

 

Autor: Javier Carbonell

Todos los días me gusta leerme con tranquilidad algún informe sobre el impacto de las tecnologías en la sociedad. En todos los casos trato de desdramatizar cuando se habla de efectos negativos, bien lo saben los que leen este blog.

Lo cierto es que una publicación que apareció hace unas semanas en la revista The Atlantic no deja lugar a ninguna interpretación positiva. Realizada por una doctora en psicología que ha estudiado los hábitos de los adolescentes durante los últimos 25 años en Estados Unidos, explica como a partir del año 2012 (año en el que la penetración del Smartphone entre los jóvenes supera al 50%) el comportamiento ha cambiado de forma importante: los jóvenes quedan menos entre ellos; tienen menos ilusiones en actividades que antes tenían, como por ejemplo sacar el carnet de conducir; duermen menos, con los consiguientes perjuicios para su salud; salen menos de casa, y ello no significa que sean más cercanos a su familia, todo lo contrario.

Las consecuencias son bastante desastrosas: disminución de los niveles de felicidad, aumento de las depresiones y del número de suicidios (todo ello en números de dos cifras). Otra conclusión demoledora del informe es que los jóvenes que pasan más tiempo con las pantallas son más infelices, y además no hay ninguna excepción a esa regla en los muestreos realizados. El informe está lleno de gráficas, datos, estadísticas que ponen cifras a estas situaciones.

Supongo que los efectos que se describen no se deban solo al uso de las pantallas, otras causas posibles de estos fenómenos pueden ser una mayor sobreprotección de los padres o que los jóvenes con carácter más depresivo encuentren en las tecnologías una válvula de escape. También soy consciente de los beneficios que estas tecnologías aportan (acceso a cultura, mantener el contacto con familia y conocidos…). No obstante, lo común de la situación que se trata en el artículo y la dureza de los datos hacen que éste sea un tema de gran gravedad que nos deben invitar a una reflexión seria.

Se necesita personal que dé sentido a los datos: donde no llega la inteligencia artificial

Hay una corriente muy generalizada a pensar que el big data va a eliminar muchos puestos de analistas. Pero también creará otros en los que la colaboración hombre-máquina sea cada vez más necesaria.

Palabras clave: big data, deep learning, storyteller

Autor: Javier Carbonell

El crecimiento exponencial de la información generada por el mundo digital ha llevado a que conceptos como Big Data o Machine Learning que hace unos años eran conocidos solamente entre los expertos en sistemas computacionales hayan pasado a un público menos tecnológico. En la actualidad es común que especialistas de campos muy distantes hablen sobre ellos con total naturalidad.

Y es que existe una opinión cada vez más generalizada de que unas cuantas bases de datos por aquí, unos algoritmos por allá, más unos conceptos novedosos como la web en tiempo real o internet of things, y los sistemas computacionales serán capaces de sacar sus propias conclusiones y de paso dejar sin trabajo a un gran número de analistas.

Sin embargo, esto no es lo que está pasando, los sistemas más o menos inteligentes son capaces de tratar información, pero generalmente no son capaces de ofrecer una conclusión definitiva. La consecuencia fundamental ha sido que muchos profesionales ven de repente aumentada su capacidad de realizar análisis avanzados, en muchos casos sin necesidad de apenas inversiones. También cada día tendrá más sentido el puesto de Storyteller que sea capaz de buscar un relato que dé sentido a los datos. Creo que lejos de eliminar la actividad humana, la inteligencia artificial potenciará la colaboración hombre-máquina . Y es que son muchas las situaciones en las que tomar la última decisión requiere comprender bien lo que está sucediendo, y por ahora creo que los ordenadores están todavía lejos de cubrir ese último eslabón en los análisis.

AI Bubble, cuando la personalización se vuelve en nuestra contra

Pareced el paradigma fundamental de los sistemas de Big Data e Inteligencia artificial, ofrecer al usuario información personalizada. ¿Pero no corremos el peligro de perdernos muchas cosas buenas con ello?

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Palabras clave: inteligencia artificial, AI bubble, personalización

Autor: Javier Carbonell

Parece que es el paradigma fundamental en todos los sistemas de comercio electrónico, big data, noticias… Hay que personalizar la información, todos somos diferentes y por tanto que mejor manera que llegar al cliente que presentar un producto a la medida de sus gustos.

Hasta ahí todo parece lógico. Sin embargo, si profundizamos un poco más vemos que algo falla, cada vez recibimos la información de forma más personalizada y esto hace que cada vez estemos más encasillados en un perfil. Al final los servicios no nos envían toda la información que poseen, sino que utilizan una serie de filtros, que con la llegada de la inteligencia artificial son cada vez más poderosos. Como consecuencia, lejos de abrir nuevos horizontes en las personas, cada vez los estrechan más, metiéndonos en auténticas burbujas que reafirman nuestros gustos e ideología en vez de enriquecernos con puntos de vista completamente diferentes a los nuestros.

Se trata de un fenómeno que ya está siendo estudiado y que plantea cuestiones interesantes como muestra el siguiente artículo https://www.inverse.com/article/27984-can-artificial-intelligence-be-random. Por ejemplo, ¿que será más interesante? Ofrecer a los usuarios un mundo que encaja completamente con sus ideas evitando fricciones o, por el contrario, plantear continuos desafíos.

La verdad es que creo que no se trata de un tema menor, aprendemos en la vida con las cosas que son diferentes a nuestras ideas preestablecidas, y yo creo que los expertos en big data y en inteligencia artificial deberían tener eso muy en cuenta.