Se necesita personal que dé sentido a los datos: donde no llega la inteligencia artificial

Hay una corriente muy generalizada a pensar que el big data va a eliminar muchos puestos de analistas. Pero también creará otros en los que la colaboración hombre-máquina sea cada vez más necesaria.

Palabras clave: big data, deep learning, storyteller

Autor: Javier Carbonell

El crecimiento exponencial de la información generada por el mundo digital ha llevado a que conceptos como Big Data o Machine Learning que hace unos años eran conocidos solamente entre los expertos en sistemas computacionales hayan pasado a un público menos tecnológico. En la actualidad es común que especialistas de campos muy distantes hablen sobre ellos con total naturalidad.

Y es que existe una opinión cada vez más generalizada de que unas cuantas bases de datos por aquí, unos algoritmos por allá, más unos conceptos novedosos como la web en tiempo real o internet of things, y los sistemas computacionales serán capaces de sacar sus propias conclusiones y de paso dejar sin trabajo a un gran número de analistas.

Sin embargo, esto no es lo que está pasando, los sistemas más o menos inteligentes son capaces de tratar información, pero generalmente no son capaces de ofrecer una conclusión definitiva. La consecuencia fundamental ha sido que muchos profesionales ven de repente aumentada su capacidad de realizar análisis avanzados, en muchos casos sin necesidad de apenas inversiones. También cada día tendrá más sentido el puesto de Storyteller que sea capaz de buscar un relato que dé sentido a los datos. Creo que lejos de eliminar la actividad humana, la inteligencia artificial potenciará la colaboración hombre-máquina . Y es que son muchas las situaciones en las que tomar la última decisión requiere comprender bien lo que está sucediendo, y por ahora creo que los ordenadores están todavía lejos de cubrir ese último eslabón en los análisis.

La falsa historia de las noticias falsas

Las noticias falsas, ¿tienen tanto poder para cambiar el destino de las cosas?, o ¿simplemente sirven para apuntalar las ideas que ya teníamos preconcebidas?

Tiempo de lectura: 1 minuto

 

Autor: Javier Carbonell

Viene siendo uno de los temas más recurrentes durante el último año: la aparición de noticias falsas que supuestamente han tenido la capacidad de alterar el transcurso natural de los acontecimientos, como si los acontecimientos siguieran algo así como el curso de un río y tuvieran que tener un desenlace predeterminado.

Además, estas noticias falsas (fake news) se potencian con la capacidad de resonancia de Internet (echo rooms) y el hecho de que los grandes de Internet personalizan y filtran la información colocándonos en una especie de burbuja (buble filter). Ingredientes que juntos parecen tener un efecto multiplicador con capacidad de anular nuestra libertad.

No hay ninguna duda de que las noticias falsas son una lacra, que el decir algo que no es cierto, es injusto y lastra la credibilidad del sistema. Pero también creo que algunos les están otorgando un poder casi mágico que hasta ahora nadie ha sido capaz de comprobar, con lo que irónicamente caen en aquello que quieren combatir.

Las grandes empresas como Facebook o Google se han puesto a trabajar para corregir sus efectos, aunque la verdadera corrección debería venir de fomentar el espíritu crítico. Como comenta un estudio del que se hace eco el New York Times, en el caso de una contradicción entre la opinión personal y la de los líderes políticos, la mayoría de las personas tiende a cambiar de opinión antes cuestionar a su líder. Creo que el verdadero problema no son las noticias falsas, sino que tendemos a creernos lo que queremos creer (falso o no).