Los smartphone pierden glamour, ¿y ahora qué?

Hasta hace bien poco el lanzamiento de un nuevo modelo de móvil era la noticia tecnológica del mes. Parece que el mercado ha madurado, el crecimiento se ha detenido y ya tampoco nos hace tanta ilusión adquirir los nuevos modelos. Y es que el smartphone ha perdido el glamour de hace unos años.

Anuncios

Tiempo de lectura 1 minuto

Tags: Smartphone, IoT

Autor: Javier Carbonell

Llevamos un tiempo en el que el mercado de smartphones ya no es lo que era.  Hace uno o dos años el lanzamiento de un nuevo modelo de las marcas más exitosas provocaba una expectación desorbitada, y grandes colas en las grandes ciudades para adquirirlo. Ahora parece que ese “glamour” que otorgaba ser poseedor de lo último en el mundo de los smartphones se ha ido desvaneciendo.

Se trata de un fenómeno parecido al que sufrió el PC hace unos años, típico de cuando un mercado madura. Así, si en 2017 el mercado de smartphones todavía creció exiguamente en el mundo, en el último trimestre de 2017 decreció un 4% en China, una situación que se produce por primera vez. No quiero decir que esté disminuyendo la utilización del móvil, que al igual que el PC seguirá ocupando un papel central en nuestra vida digital, sino que esa ilusión por tener lo último que ofrece el mercado, por una nueva funcionalidad que de repente parecía imprescindible, es lo que se está perdiendo. Acorde con esta tendencia, el periodo de vida del smartphone ha pasado de dos años a tres, lo que muestra que la gente está contenta con su dispositivo y no tiene tanta urgencia por cambiarlo. Incluso Apple sufre las consecuencias y los informes muestran una reducción de la producción del iPhone X de un 50%, una antesala de lo que les puede pasar a otros fabricantes.

Y ahora, ¿quién recogerá el relevo de esa ilusión e incluso éxtasis que antes despertaban los smartphone? Yo apuesto a que sistemas de realidad virtual, wearables, dispositivos del hogar conectado…, aunque también apuesto a que tardaremos en ver que uno de estos dispositivos levanta ese nivel de euforia.

Se necesita personal que dé sentido a los datos: donde no llega la inteligencia artificial

Hay una corriente muy generalizada a pensar que el big data va a eliminar muchos puestos de analistas. Pero también creará otros en los que la colaboración hombre-máquina sea cada vez más necesaria.

Palabras clave: big data, deep learning, storyteller

Autor: Javier Carbonell

El crecimiento exponencial de la información generada por el mundo digital ha llevado a que conceptos como Big Data o Machine Learning que hace unos años eran conocidos solamente entre los expertos en sistemas computacionales hayan pasado a un público menos tecnológico. En la actualidad es común que especialistas de campos muy distantes hablen sobre ellos con total naturalidad.

Y es que existe una opinión cada vez más generalizada de que unas cuantas bases de datos por aquí, unos algoritmos por allá, más unos conceptos novedosos como la web en tiempo real o internet of things, y los sistemas computacionales serán capaces de sacar sus propias conclusiones y de paso dejar sin trabajo a un gran número de analistas.

Sin embargo, esto no es lo que está pasando, los sistemas más o menos inteligentes son capaces de tratar información, pero generalmente no son capaces de ofrecer una conclusión definitiva. La consecuencia fundamental ha sido que muchos profesionales ven de repente aumentada su capacidad de realizar análisis avanzados, en muchos casos sin necesidad de apenas inversiones. También cada día tendrá más sentido el puesto de Storyteller que sea capaz de buscar un relato que dé sentido a los datos. Creo que lejos de eliminar la actividad humana, la inteligencia artificial potenciará la colaboración hombre-máquina . Y es que son muchas las situaciones en las que tomar la última decisión requiere comprender bien lo que está sucediendo, y por ahora creo que los ordenadores están todavía lejos de cubrir ese último eslabón en los análisis.

La falsa historia de las noticias falsas

Las noticias falsas, ¿tienen tanto poder para cambiar el destino de las cosas?, o ¿simplemente sirven para apuntalar las ideas que ya teníamos preconcebidas?

Tiempo de lectura: 1 minuto

 

Autor: Javier Carbonell

Viene siendo uno de los temas más recurrentes durante el último año: la aparición de noticias falsas que supuestamente han tenido la capacidad de alterar el transcurso natural de los acontecimientos, como si los acontecimientos siguieran algo así como el curso de un río y tuvieran que tener un desenlace predeterminado.

Además, estas noticias falsas (fake news) se potencian con la capacidad de resonancia de Internet (echo rooms) y el hecho de que los grandes de Internet personalizan y filtran la información colocándonos en una especie de burbuja (buble filter). Ingredientes que juntos parecen tener un efecto multiplicador con capacidad de anular nuestra libertad.

No hay ninguna duda de que las noticias falsas son una lacra, que el decir algo que no es cierto, es injusto y lastra la credibilidad del sistema. Pero también creo que algunos les están otorgando un poder casi mágico que hasta ahora nadie ha sido capaz de comprobar, con lo que irónicamente caen en aquello que quieren combatir.

Las grandes empresas como Facebook o Google se han puesto a trabajar para corregir sus efectos, aunque la verdadera corrección debería venir de fomentar el espíritu crítico. Como comenta un estudio del que se hace eco el New York Times, en el caso de una contradicción entre la opinión personal y la de los líderes políticos, la mayoría de las personas tiende a cambiar de opinión antes cuestionar a su líder. Creo que el verdadero problema no son las noticias falsas, sino que tendemos a creernos lo que queremos creer (falso o no).