No veremos el coche volador pronto, no lo digo yo, lo dice Newton

Es uno de los productos del que se está hablando bastante últimamente, “el coche volador”. Pero no tan rápido, Newton tiene algo que decir.

Tags: coche volador, Newton, tecnologías emergentes

Autor: Javier Carbonell

El automóvil con capacidad de volar es  una de las innovaciones tecnológicas que empieza a aparecer de forma más recurrente en los periódicos, por ejemplo en este artículo de El País. Y es que el automóvil es uno de los objetos más habituales en nuestra vida cotidiana y en el que pasamos más tiempo, por lo que cualquier avance relacionado con él crea una gran expectación. Durante los últimos dos años la gran noticia era que en 2020 ya sería habitual ver coches autónomos, con lo que liberaríamos una gran cantidad de tiempo viajando con un “chófer automático”. La verdad es que nos acercamos a 2018, y por ahora yo no he visto ninguno por mi ciudad.

En el caso del coche volador, el sueño es todavía más fascinante, ya no solo promete que no conduciremos (muchas propuestas de coches voladores son también de coches autónomos), sino que nos saltaremos los atascos e iremos por el aire, el sueño de Ícaro hecho realidad. No obstante, veo muy difícil que se llegue a cumplir en un plazo razonable. No lo digo yo, sino que Newton enunció hace años unos principios, como el de acción y reacción y el de inercia que son bastante tozudos. En el caso del principio de acción y reacción, el que un coche vuele supone que debe lanzarse un haz de partículas de aire a gran fuerza hacia abajo, lo cual lo dificulta todo como se ve en el siguiente vídeo. El de inercia supone que será bastante incontrolable en el aire sin el agarre que las ruedas aportan en tierra.

Realmente creo que nos encontramos ante un caso más del fenómeno que describíamos en un post anterior, en el que la necesidad de captar titulares de prensa lleva a exagerar las expectativas. Creo que es un error recurrir a este estilo, ya que puede funcionar a corto plazo, pero crea una desconfianza en los tecnólogos al no cumplirse las previsiones, y al final acaba restándonos credibilidad y autoridad.